Gabriel Calderón Molina
Sobre los terremotos, la historia nos trae un caso que es bueno traerlo a la memoria por su gran impacto en el territorio del Huila. Fue un hecho acaecido el 28 noviembre de 1827, recién alcanzada la independencia de España y que registra la historia extensa de la Gran Colombia. Fue un terremoto que cubrió casi toda Sur América, causando grandes daños en Lima, Quito, Bogotá y Caracas y que dio lugar a que adversarios de la independencia dijeran que era un castigo de Dios por la guerra que había liderado Simón Bolívar contra España. Por lo que dice la historia y por lo que los antepasados transmitieron a sus descendientes, el territorio de lo que hoy es el sur del Huila fue un gran escenario de dos tremendos impactos ocasionados por ese violento movimiento sísmico de Sur América.
Uno de ellos lo fue, los grandes desprendimientos – derrumbes- de las tierras altas de las lomas de ambas riberas del río Magdalena a un kilómetro más abajo de la desembocadura del Guarapas, río que baña el Valle de Laboyos, que provocaron un gran lago en la región. Esos enormes desprendimientos de tierras, que hoy son percibibles, condujo a que una gran extensión de tierras bajas de Pitalito se convirtiera en un lago y avanzara con el paso de las semanas hasta la desembocadura del rio Sombrerillos, en San Agustín, causando daños a las actividades de los pobladores de la zona. Un bisabuelo mío que vivía en la vereda de Chillurco les decía a sus hijos que él, siendo un niño, había conocido el mar.
El otro caso aconteció en forma muy similar. El río Suaza, como consecuencia del desprendimiento de tierras que cayeron sobre a su lecho, a varios kilómetros después de su paso de lo que hoy es la población de Guadalupe, ocasiono también la formación de un gran lago que se extendió a lo largo de la cuenca de este afluente del Magdalena, afectando las actividades agrícolas y ganaderas de quienes ocupaban ese espacio. Un amigo que fue dueño de tierras en la zona me dijo que son perfectamente visibles los lugares de las lomas de donde procedieron los derrumbes que detuvieron las aguas del río.
Según la historia, estos dos lagos al romperse los diques que los contenían, provocaron avalanchas que produjeron víctimas y grandes daños a lo largo del curso del Magdalena hasta el mar. Estos dos hechos en el Huila nos dicen que la naturaleza es imprevisible, como lo estamos viendo ahora con el terremoto cuyas consecuencias agobian ahora a Colombia.